Todos los días pensaba
que te irías, por eso siempre tuve, la hoja sobre la mesa, el sobre en la gaveta, el "Adiós" en mi cabeza y así no volver a escribirte jamás.
Se sentó debajo de un enorme árbol, un hoja
seca cayó en su hombro y le susurró: Lo que más me gusta de las palabras es que
no se las lleva el viento.